28 jul. 2011

Cuando 'vacaciones' deja de significar 'descanso'



En nada ya estaré de vacaciones. Desde hace unos días la frase que más escucho es: "Ala, ya tendréis vacaciones, ahora a descansar un poco". La dice gente que no tiene hijos. Porque ahora las vacaciones son muchas cosas nuevas, divertidas y apasionantes ... pero de descanso, poco. Con dos niñas de dos años y medio ... menos.

Nuestro primer verano lo pasamos en la Cerdanya. Entre que no había manera que una de las pequeñas comiera la papilla de verduras y que no teníamos muy claro cómo organizarnos y no cuadrábamos demasiado bien los horarios ... fue un verano que podríamos calificar de desastroso. Estábamos agotados. El segundo verano fue mejor. Siguiendo los horarios de la guardería todo funcionó como un reloj. Ya fue otra cosa. Ahora llega uno nuevo. Con la perspectiva de hacer muchas más actividades y de pasárnoslo muy bien con nuestros dos "bichitos", pero sé, a priori, que no descansaré. Cada día tendré que pensar en los menús, cada día me hará rabiar si no hacen la siesta y seguro que los horarios se descontrolaran un poco. Ahora no puedo pensar en organizar los viajes que hacía antes de ser madre. Como los echo de menos! Los veranos, antes, significaban viajes, idiomas, aviones y conocer muchísima gente. Sé que volverán.

Como el primero, el segundo y el próximo, será un verano diferente. El viernes será su último día en la guardería. Cerraremos una etapa para abrir una nueva y desconocida. Estaré de vacaciones, pero no olvidaré las actualizaciones de LA INVASIÓN TWIN.

Buenas vacaciones, y sobre todo ... ¡a descansar! ;)

25 jul. 2011

Recuperando pequeñas parcelas (El sorprendente caso del tiempo reaparecido)


Este post es un juego de combinaciones con el anterior. Hay que buscar nuevas fórmulas... aquí tenéis algunos de nuestros trucos



La manera más fácil de ir al cine es ir a la sesión de noche. Ellas ya están durmiendo y tú las dejas con tu cuñado que te hace el favor. Eso sí, hay que elegir muy bien la película. Ya que vas una vez al año (con suerte) , como mínimo la película que sea buena (mi última, El discurso del rey, nada que decir... excelente película).



El sexo. Intentando olvidar el cansancio, cuando ellas hacen la siesta (a veces es difícil combinar que las dos se duerman en el mismo momento) o cuando ya están dormidas por la noche. Una buena alternativa... que alguien se las lleve a pasear o a jugar un rato.



Por el tema de las cremas, bañeras de agua caliente y depilaciones y peluquerías varias no he encontrado fórmula mágica. Ducha rápida y gracias, escapadas al mediodía para depilarme cuando ya hace tres semanas que digo que tengo que ir y compenetración total de la pareja cuando le dices que el sábado te levantarás a las siete para estar en las puertas de la peluquería a las ocho y así terminar lo antes posible.



Irse de fin de semana no se improvisa de hoy por hoy. Requiere una cierta planificación si bien con la experiencia vamos mejorando nuestros timmings y cada vez llevamos mejor la logística. Cuestión de práctica.



Salir tranquilamente con una amiga para ir a hacer el café significa que hemos organizado un "pequeñitas free day" (es decir, que se quedan las dos con abuelos, abuela o tía y primas). Sino la cosa se queda en intento de hacer el café, con las niñas dando vueltas y sin dejarte hablar de cosas trascendentales. En este apartado podríamos incluir ir a comprar ropa para mí.

Tema bailar en una discoteca mejor ni hablo. Me muero de ganas de bailar pero hace como tres años que no lo hago (menos cuando bailo en medio del comedor, pero no sería lo mismo).



¿Desayuno con calma? Hay días entre semana que me levanto a las siete y tengo que ir a buscarme el café con leche para llevar antes de llegar al trabajo porque no he tenido tiempo. Algún fin de semana lo hemos conseguido, aunque también es verdad que el concepto "calma" deberíamos redefinirlo. Me conformo con poder desayunar con cierta tranquilidad.



Hay un momento de la invasión que crees que no conseguirás escapar de esta vorágine. Incluso piensas que olvidarás todas aquellas cosas que hacías antes y tanto te gustaban. Y es verdad que ahora tienes multitud de emociones nuevas. Pero por suerte, algunas parcelas se van reconquistando. Hacerlo es vital, para la salud de una misma, de la pareja y de la familia. Poco a poco, cada uno vuelve a tener su espacio.

24 jul. 2011

¿Lo recordáis? ¡Olvidadlo! (El misterioso caso del tiempo desaparecido)



¿Recordáis cuando un domingo a media tarde decidíais ir al cine sin tener muy claro qué película ir a ver? ¿Recordáis cuando el sexo se improvisaba donde queríais y cuando queríais? ¿Recordáis cuando un martes por la tarde era el mejor momento para preparar una bañera caliente y aprovechar para ponerse todas las cremas que encontrabáis en el baño? ¿Recordáis cuando un viernes al mediodía te llamaba tu pareja y te decía "pon algo en la maleta que nos vamos de fin de semana"? ¿Recordáis cuando llamaba una amiga y la frase más habitual era "quedamos dentro de media hora y nos tomamos un café"?. ¿Recordáis cómo era bailar en una discoteca o fiesta mayor hasta las tantas? ¿Recordáis qué era levantarse a las diez de la mañana y hacer el remolón en la cama? ¿Recordáis que era ir a comprar ropa con las amigas y estar horas en los probadores y dando vueltas para encontrar aquellos pantalones, zapatos o camisa que realmente queríais? ¿Recordáis cuando los desayunos del fin de semana se alargaban con esa calma? ¿Recordáis cuando organizar una cena no era una complicada operación de logística? ¿Recordáis cuando estabais perfectamente depiladas, morenas y en forma? ¿Recordáis qué era tener tiempo para hacer las cosas? ¿Recordáis cuando ibais puntualmente a la peluquería, sin las mechas a media cabeza y enseñando todas las canas?


Yo casi lo he olvidado. La invasión twin comienza con un claro robo de tiempo. De mi tiempo! Ya no tendréis tiempo para hacer estas cosas. Ni siquiera para pensar en ellas. La invasión twin representa una nueva dimensión de "cansancio". Ya hablaré más adelante.  Por ahora, necesitaría urgentemente ir a hacerme las mechas.

21 jul. 2011

¿Cómo demonios se hace un biberón?


Ahora pienso en ello y me parece increíble que llegara a plantearme que no sabía ni cómo hacer un biberón. Durante meses llegué a preparar 16 al día. Nuestro lema era: "Prepara biberones, da biberones, lava biberones". Tenía la terrible sensación de que no hacía nada más en todo el día, aparte de –también-  ir con los pechos al aire y dar de mamar. Y en sólo dos días entendí la frase que me decía todo el mundo: "Os vais a gastar un dineral en leche".Al llegar a casa me di cuenta de que aquellas criaturas tenían que comer ... En el hospital los "bibis" de apoyo ya venían hechos, pero en casa tenían que hacerse. Cuando nos quedamos solos y fui consciente de ello, me agarró un ataque de impotencia, rabia y desesperación. ¿Como teníamos que hervir el biberón? ¿Qué tetina les gustaría? Y qué medidas de leche les teníamos que hacer? Esto era algo que no entendía y me obsesionaba. Todo el mundo me decía: "Ya lo irás viendo, si tiene más hambre te pedirá más". Pero a mí me fascinaba esa "fe" que todo el mundo tenía en mi capacidad de ver las cosas. En aquel momento no veía nada y me puse a llorar porque no sabía preparar el biberón. Por suerte, fue Jordi que me dijo que no tenía ningún secreto y lo hizo.

2 niñas. 8 tomas. 16 biberones al día. Sí, claro, eran pequeños pero 16 biberones al día se dice pronto. Y otra gran pregunta ... ¿qué leche comprar? Compramos la misma que nos dieron en el hospital (pero atención, desconocimiento total de los tipos de leche, cuáles son mejores y porque, etc ...). No quiero hacer propaganda gratuita, pero el primer bote de Enfalac 1 de 900 gramos nos costó casi 24 euros. ¿Recordáis  lo de los 16 biberones? El bote duró 3 días. 31 días, dividido entre 3, son 10.3 botes. 10 botes multiplicado por 24 euros ... ¿Qué ?????? ¿¿240 euros mensuales en leche?? La invasión twin, que conlleva la consecuente multiplicación por mil del gasto económico, provoca que el ingenio también se multiplique por mil. Por un lado, la tranquilidad de estar en casa y el hecho de empezar a controlar la situación me ayudó mucho en la lactancia materna e iba combinando el pecho con el biberón. A la hora de la verdad no me sirvieron ni experiencias, ni consejos, ni filosofías. Hice lo que me surgió con más fluidez. El otro gran hecho que ayudó a frenar el incipiente y creciente gasto en botes de leche, fue descubrir los socios de los gemelos para la conspiración mundial. Aprendimos a negociar con las farmacéuticas.

19 jul. 2011

La posición rugby y otras obsesiones


Ninguna madre, hermana, tía, prima o amiga puede prepararte para el momento en que te encuentras conociendo tu criatura recién nacida. Criaturas, en este caso. En cuatro días en el hospital hice una lista mental de un centenar de cosas que se podrían haber hablado el curso de pre-parto y que ni siquiera se mencionaron ... y que en cambio, pensé que eran vitales. En aquel momento era impensable intentar entender cómo podía haber sido tan malo.


Llevé muy bien los dos primeros días ... fue un intensivo de empezar a conocer y reconocer mis dos hijas y sus necesidades más vitales. La primera, la que más me preocupaba ... alimentarlas. Quizá no os lo creeréis pero durante todo el embarazo había llegado a obsesionarme la "posición rugby", para dar de mamar a gemelos. Había buscado alguna información pero por suerte, no me obsesioné demasiado en mirar cosas por Internet ... hubiera acabado loca ya que a menudo los artículos no son demasiado fiables. Lo que sí me encantaba era un reportaje de National Geographic sobre la simulación de unos gemelos en el útero. Ver como interaccionaban ya dentro de la barriga era muy emocionante ... ¿ellas debían hacer lo mismo? Estoy convencida de ello.

Ya me he perdido. Ah, sí. Amamantar. Con esto y con muchas otros aspectos del embarazo y de la crianza de los hijos teníamos claro que nos dejaríamos llevar por el momento que estuviéramos viviendo. Sin adelantarnos a la realidad. Sin obsesionarnos y dejando un poco de lado algunos comentarios o recomendaciones. Sólo que una cosa es decirlo y otra hacerlo, ¿verdad?. Fue complicado, por muchas cosas. Y de hecho salimos del hospital que aún no había tenido la subida de la leche. No podía soportar ver como las pequeñas lloraban de hambre. Al tercer día en el hospital me cogió un bajón impresionante porque me dijeron que ya me daban el alta y yo no me veía en casa ni "loca". Por suerte, una enfermera encantadora -y que me debió de ver muy mal-avisó una comadrona increíble, que nos ayudó mucho con la lactancia materna. Quizá si la hubiera conocido el primer día, las cosas hubieran sido diferentes.

Pero no se puede volver atrás y cambiar las cosas. Actúas como actúas en el momento en que lo haces y con las circunstancias que te rodean. ¿Qué es lo que importaba? Las niñas estaban bien (sus pruebas de azúcar habían salido correctas, lo que nos preocupaba porque yo había tenido diabetes gestacional) ... pero a mí me daba pánico irme a casa. Horas antes de que me dieran el alta, tenía una lista impresionante de dudas y cosas para preguntar. Tomaba notas como si estuviera en una rueda de prensa ... deformación profesional. Tenía ganas de volver a casa, pero como sería la vida con ellas…¿ fuera del hospital?

En el Hospital tuvimos la suerte de poder estar solos en una habitación. Tenemos mucha ayuda. Las pequeñas lo aglutinan todo, y es que en nuestra familia hace mucho tiempo que no hay bebés. Las pequeñas duermen en su cuna, pero también la comparten. Pienso que después de tantos meses juntas deben echarse de menos. Y cuando ellas duermen, nosotros tenemos que aprovechar. El cansancio es enorme. Pero también sabemos que acaba de empezar una época muy cansada de nuestra vida. Será una gran aventura.

14 jul. 2011

De acuerdo. Sí. Muy bien. Ya han nacido. ¿Y ahora qué? (2)



Mi post-operatorio fue horroroso (vaya, imagino que como todos, pero como no tenía experiencia ...). Sólo veía que pasaba mucho rato y yo sólo quería subir habitación. No pensaba en las niñas. Quería estar con Jordi. Me decían que cuando pudiera mover y levantar las piernas significaría que se me habría pasado el efecto de la epidural y podría ir habitación. Estaba obsesionada en ver si las podía mover y levantar los pies. Pero no había manera. Y entonces fue cuando se despertó realmente la herida. Lo que me chutaron debía ser fuerte, pero cuando me preguntaron "en una escala del 1 al 10, el dolor sería ...." me quedé con cara de idiota. No lo sé. No te lo sabría decir. "¿Qué quiere decir una escala del 1 al 10? Me hace mucho daño. Quiero salir de aquí".

Incluso tuve un momento surrealista. Me vino a ver una de las chicas que me atendió en la última visita. Era la que me había dicho y calculado que Estel pesaba 3 kilos 400 gramos y Ona, que era más pequeña, dos kilos y medio. Aquel día Jordi y yo no nos la creímos demasiado. "Es imposible que puedan saber exactamente cuánto pesan, con el lío de piernas y brazos que hay aquí dentro". Me vio y muy contenta me suelta: "¿Qué, sólo me equivoqué de 60 gramos, ¿eh?". "Ostia", pienso. Qué memoria la tía!.


Pero en la sala de postoperatorio las cosas se complican. Entre el dolor y el "chute" que me han dado, me cuesta estar pendiente de lo que pasa - ya tengo trabajo con mi propio cuerpo-. Intuyo que la situación en quirófano se ha complicado, porque llevan una chica que los hace ir de cabeza a todos. No sé muy bien qué ha pasado, ni porque está allí, ni qué ha pasado con su bebé. Sólo sé que las cosas no cuadran y que están nerviosos y tensos. La chica chilla. A mí también me pone aún más nerviosa, pero aún así, todavía me planteo si cuando miraba las series sobre hospitales y pensaba que eran peliculeras ... era del todo exagerado o no.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero me doy cuenta que puedo levantar los pies. Una cosa tan sencilla me parece un éxito abrumador. Me suben a la habitación. ¿Y las niñas? Quiero ver a mis niñas. Jordi ya ha avisado a la familia y están como locos. 

Cuando estoy en la habitación y las veo, y Jordi me abraza, ya no me puedo aguantar más. Me pongo a llorar. De felicidad. De emoción. Y de miedo. Ahora sí que ya las tengo conmigo.

8 jul. 2011

Ya han nacido. Y ahora qué? (1)



Entro en quirófano y una docena de personas me están esperando. Me asusto. Hay motivo para ello, ¿no? Ya sé que en un parto de gemelos el equipo es doble, pero me parece un poco heavy. El anestesista-que es un tio genial-me dice que se me ha alterado la tensión y que si estoy nerviosa. Es la primera vez que entro en una nave espacial, pienso. Y he escuchado tantas cosas de la epidural que sólo de pensarlo me pongo más nerviosa. Pero ni siquiera la noto mucho. Llegados a este punto, sólo pienso que al cabo de un rato veré a Ona y Estel.

Podré comprobar si son como me las he imaginado durante todos estos meses. Si la intuición no me traicionó cuando supe quién era quién. Porque siempre habíamos dicho que tendríamos una Ona o un Oriol (como podéis comprobar, no teníamos para nada contemplada la opción de tener dos hijos ... con "uno para probar ya tenemos suficiente"). Por lo tanto teníamos un nombre: Ona. Pero ... y el otro bebé? Una buena amiga me dijo que no me preocupase, que ella misma-la pequeña-me diría cómo se llamaba. Y un buen día, supe que se llamaba Estel. Muy bien, ya tenemos los dos nombres. Pero cuál es cuál? Lo sabré cuando nazcan? Yo tuve la necesidad de identificarlas dentro de la barriga, para poder hablar con ellas y crear una comunicación necesaria para entendernos (sobre todo por la noche, cuando Ona no paraba de moverse y no me dejaba dormir de ninguna manera!).

Estoy en quirófano y sólo cuando empiezan la cesárea mi cerebro es capaz de reaccionar y ver que lo que me están haciendo es realmente una operación quirúrgica en mayúsculas. Sólo pienso: "Cuando me despierte de esto y no tenga anestesia las pasaré putas". La sensación que me están removiendo de una manera brutal provoca que cuando la comadrona me dice que mire hacia la derecha que Estel ya sale, esté en una nube. Veo un manojo lleno de sangre que pasa por mi derecha. Y de repente, me ponen la cara de Estel en mi mejilla. También hace meses que me imagino cómo debe ser ese momento. Y evidentemente, no hago nada de lo que me había imaginado. Me la quedo mirando. Son las 10.53h de la mañana. No tengo tiempo de reaccionar. A los tres minutos sale Ona. También me la ponen en la mejilla. Es más pequeña. No lloro. Estoy tan asustada que no soy capaz de emocionarme. Mi cerebro no puede pensar en nada más que en preguntar si están bien.

Sí, están bien. Me dicen que se las llevan con su padre. Intento imaginar cómo reaccionará Jordi. ¿Son como las imaginaba? ¿Qué dirá? ¿Qué hará? (Horas después me explicará su situación cómica sentado en medio de un pasillo de quirófanos con una criatura en cada brazo ... mientras la gente le iba felicitando, él les explicaba que las estábamos esperando y todas las cosas que haríamos juntos). Al cabo de un rato, no sabe si fueron cinco minutos o media hora ... pide ayuda para poder subir habitación con las dos criaturas. A mí, tendrán que esperarme aún un buen rato.

4 jul. 2011

Cuestión de horas. ¿Ya han pasado nueve meses? Están a punto de nacer

Estoy de 38 semanas y media y ya no puedo más. Estel pasa de los tres kilos y Ona está con 2'5. Están bien, y en aquella visita, cuando ya pensaba que me dirían que tocaba aguantar, salgo con hora de ingreso programada. Tendremos que estar en el hospital antes de las ocho de la tarde para ingresar. 

Hasta que no entro no soy demasiado consciente de que ha llegado la hora de la verdad. Pero tampoco tengo demasiado claro qué será lo que me encontraré. En aquel momento lo viví como "una cosa te lleva a la otra" y ahora lo recuerdo como una nebulosa. A las once de la noche la oxitocina no me había hecho ningún efecto ... de modo que subimos a la habitación.

Quizás fue el momento donde comenzaron los nervios, porque te das cuenta que no sabes muy bien cómo irán las cosas. Y obviamente, me acordé mucho de la comadrona ... y más después de lo que me habían contado de ella en las salas de pre-parto del hospital. Y no como ejemplo de gran profesional, precisamente. Duermo intranquila. De hecho, no recuerdo si dormí. Lo que sí recuerdo es el momento de romper aguas. Durante todo el embarazo me preguntaba si me daría cuenta ... y me preocupaba, ¿eh? Cosas de ser "novata". Sí, es obvio. Es de esas cosas que hasta que no estás embarazada y lo vives no te das cuenta de cómo llega a ser de obvio. Es una de las sensaciones más extrañas que he tenido en mi vida.

Son las siete de la mañana del 15 de diciembre de 2008, dos días antes de mi cumpleaños (y sí, ahora me doy cuenta que puestos a pedir, debería haber programado el parto para el mismo día de mi cumpleaños. Ahora, con suerte , se acuerdan de felicitarme ... pero como ya hemos celebrado el de las niñas ...). Dejamos la habitación y volvemos a pre-parto. La gente del hospital me hacen sentir tranquila y segura. De hecho, estoy muy contenta del seguimiento que me han hecho los últimos cuatro meses. Nuevas comprobaciones. Estel está encajada, pero Ona está mal colocada. Finalmente será una cesárea. En un santiamén firmamos los documentos y a mí se me llevan hacia quirófano. Me doy cuenta de que prácticamente ni me despido de Jordi. No soy consciente del momento. Ahora mismo, sólo soy consciente de que no he entrado nunca en un quirófano. Pero también sé que cuando salga, ya no seré nunca más la misma .