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5 mar 2015

Adiós, 'avi'


¿Cómo hablar de la muerte con los niños y cómo explicarles esta parte de la vida?.

Era un tema en el cual pensábamos menudo, porque lamentablemente, era una cuestión que se nos acercaba de nuevo. Hace dos semanas murió mi suegro. Las niñas habían vivido el proceso degenerativo de la enfermedad que padecía, pero aun así, todavía le acompañaban en sus paseítos (cada vez más cortos) en silla de ruedas. Vivieron cómo el abuelo iba al Casal, y al igual que ellas, pintaba y le contaban cuentos. "Va a la escuela como nosotros, decían". En los últimos meses iban a verle a la residencia. Pero en cuestión de días se puso malito y se apagó.

A las niñas se lo contamos de entrada, nada más saberlo. ¿Pero cómo entienden el concepto de "morir"?. La reacción de cada una de ellas fue diferente. Una se quedó pensativa, y durante toda la tarde estuvo muy callada. Su hermana no paró de hacer preguntas. "¿Y ahora qué le pasará?". "¿Ya no estará en la residencia?". "¿Y dónde estará?". Intenté responder todas sus preguntas con un lenguaje que pudiera entender. Esto era un domingo por la noche. Decidimos que ellas seguirían su horario habitual de escuela y les ahorraríamos todo lo que significa tanatorio y ceremonias. Pero eso sí, responderíamos a todas las preguntas que nos hicieran. Y eso hicimos. Hemos explicado mucho que todos estamos tristes, hemos hablado de cajas de madera, de coches para llevar el abuelo al cementerio, del concepto nunca más... hemos hablado de todo. Hace unos días que no preguntan tanto, pero volverá a salir más adelante. Seguro. Y continuaremos respondiendo preguntas.


Las preguntas de las pequeñas son claras y concisas. Y te das cuenta, que somos los mayores que a veces no lo sabemos explicar muy bien. Porque ellas no hacen las preguntas habituales. Por suerte, en sus dibujos del día siguiente, el abuelo siempre sale riendo. Así que nos quedamos con este recuerdo.

13 ene 2015

Un intento de reflexión sobre cómo explicar la barbarie a los niños



En casa devoramos información y telediarios. Yo por profesión. Mi marido va siempre enganchado a la radio. Desde siempre, las noticias son programa de referencia. La mayoría de días las peques ya están en la cama, pero sí que hay ocasiones que las ven con nosotros. La mayoría de días aprenden muchas cosas y se fijan en detalles que a mí me pasan inadvertidos. Otros, me planteo cómo cambio de canal. 

La semana pasada le di muchas vueltas al tema, obviamente por lo que pasó en París. Y fui muy consciente que cuando las niñas ven alguna imagen de guerra o soldados en televisión, lo primero que me preguntan es si están muy lejos. ‘Muy lejos’ es su seguridad, es pensar que no les afecta y que no tiene que ver con su mundo a diario. Pero la semana pasada, ‘muy lejos’ no funcionó. ‘París’ es una referencia cercana.  No sé hasta qué punto cercana, pero su preocupación en la pregunta ‘Mamá qué ha pasado’ era más latente. Lo primero que preguntaron es si era cerca de casa de Steph (la pareja de mi sobrina, ellas tienen claro que él es de París, y de aquí su referencia ‘cercana’). Esta vez tenían claro que lo que había pasado, lo que fuera y que no entendían, no había pasado muy lejos.

¿Cómo explicamos estas cosas a los niños? Estos últimos días he leído muchos debates sobre si era bueno/adecuado/pertinente que vieran estas informaciones. Sobre si debían verlas o aislarlos. No tengo claro sobre qué es lo más adecuado. Ellas lo vieron, y creo que es nuestro trabajo, como padres, contextualizar y explicar algunas realidades que tenemos en el mundo, ya sean “cerca” o “lejos”. Pero a veces, se hace realmente complicado. Está claro que las noticias les acaban llegando, ya sea vía amigos, escuela o familia. Y es normal que intenten entender qué pasa y por qué. Sólo que a veces, el qué pasa es más lineal de explicar que el por qué. ¿Cómo podemos explicar la barbarie a los niños si muchas veces ni nosotros mismos sabemos cómo digerirla?

El peligro de la realidad “cinematográfica”

He tardado una semana en digerir lo que vimos por televisión la semana pasada. El día del ataque a Charlie Hebdo, y sobretodo, el siguiente. Soy periodista, y el segundo día era una actualización constante de las informaciones que llegaban des de Francia. Pero había un peligro real y cada vez más presente: nadie seguía ni agencias, ni comunicados ni versiones oficiales. Lo teníamos en directo en televisión.  Se hablaba de rehenes en la imprenta y el ministerio del Interior francés salía a desmentirlo. Todo eran informaciones contradictorias. Hasta muchas horas más tarde no supimos que había alguien escondido dentro pasando información. Quizá sin saberlo lo estábamos delatando. No se había ni confirmado lo del supermercado en París que ya había cámaras en directo filmando todos los movimientos de la policía. ¿Había equipos de cámaras repartidos por toda la capital? Y yo, que buscaba la información por todos los canales, por un momento tuve miedo. Tuve miedo de ver cómo se estaba convirtiendo en una película de acción. Tuve la misma sensación que el 11S y el 11M. Sólo que ésta película, como aquellas, no era de ficción. 

22 sept 2014

Compañeras, siempre


Este fin de semana nos hemos despedido de la playa. Con el inicio del curso escolar, casi ha sido un "adiós, verano". He podido sentarme un rato tranquila en la arena, y pensar en cómo ha ido este verano, del que todavía tengo tantas cosas que contar. Pero me las quedo mirando cómo se bañan, saltan olas y juegan en la arena delante de mí. Una dice que hace una cascada de agua mientras la otra crea un castillo, pero en el fondo juntan las dos construcciones.

¿Y sabéis qué? Me dan envidia y a la vez me hacen especialmente feliz. De pequeña, yo no tuve ningún hermano ni primo de mi edad, y fuera de la escuela, no tenía niños con quién jugar. Y es algo que vista con perspectiva, pienso que echaba de menos.

Ellas son grandes compañeras de juegos. Sí, se pelean, claro... y se enfadan. Y se quieren con locura. Las veo jugar, y escucho como ríen. Siempre lo han hecho, desde pequeñas. Tienen sus historias y sus juegos. Supe que sería un vínculo especial desde el momento de quedarme embarazada. La idea de tener uno me hacía respecto, y de golpe, me llegaban dos. Una amiga me dijo que la naturaleza era muy sabia. ¡Por supuesto!. Las mandó juntas, para que tuvieran una compañera de vida. Y yo me las imaginaba cuando tuvieran dos años, como serían. Y también ahora imagino cómo serán cuando tengan 7 u 8. Y me asusto un poco en cómo será cuando sean adolescentes (si se pelearán mucho por la ropa o nos lo pondrán complicado con el tema ‘salir de fiesta’). Pienso si vivirán aquí o fuera, o qué querrán ser de mayores. Sólo confío en que siempre se tengan la una a la otra, y que se quieran como lo hacen ahora. Una complicidad única y difícil de explicar. Y me viene a la cabeza la imagen de dos gemelas del barrio, que deben rondar los sesenta, y que muchas tardes las veo pasear juntas. Imagino que cada una tiene su vida, pero que les gusta explicarse su día a día.


Y mientras lo pienso, mis "pequeñas" se cogen de la mano y se adentran, por enésima vez este fin de semana, a saltar juntas las olas. Es maravilloso.

20 nov 2013

Dame la mano



Esta mañana, en el autobús, estaba de pie junto a una pareja mayor. Unos 75 años. Él me recordó a aquellos caballeros altos, con su abrigo y una bufanda alrededor del cuello (hacía frío) y el pelo absolutamente blanco y bien peinado. Ella miraba por la ventana. De golpe le pregunta por la plaza que tenemos al lado. “Es la plaza del Ángel, ¿te acuerdas?”. Ella asiente y musita: “Sí, sí, claro”. “Ahora estamos en la calle donde vive María”. “¿María?”. Y mira de nuevo por la ventana, y tengo la sensación, porque conozco esos ojos y esa mirada, que no recuerda quién es María ni la plaza dónde hemos estado antes. Y a cada momento, el señor acaricia la mejilla de su mujer. Le pone una mano protectora en el hombro. Bajan al cabo de unas paradas. Todo el mundo les ayuda para que no se caigan. Nada más bajar del autobús, la mujer le da la mano y los dos, se alejan muy lentamente.


No he querido ni podido quitármelos de la cabeza en todo el día. Pensar en su día a día, en todos los días a días de su vida y enfrentarme, de nuevo, a cómo algunas enfermedades nos quitan algo tan valioso como la memoria. Pensar en los duros momentos que implica la enfermedad y todo el amor que vi concentrado en esos gestos. Pero cómo aún y así, sabemos instintivamente que debemos cogernos de esa mano. Y pienso en lo maravilloso que es tener siempre esas manos. Cuando somos pequeños las manos de mamá, papá, hermanos, tíos… y más tarde, amigos, amigas, parejas… y ahora soy yo la que doy la mano a las pequeñas, pensando en la seguridad que ese simple y maravilloso gesto nos das a todos. 

19 jun 2013

Un momento para respirar


A veces, cuando todo parece que va mal, cuando la presión nos puede y las circunstancias no ayudan demasiado, hay pequeñas cosas  que nos hacen respirar. Momentos que nos ayudan a tomar aire y a salir adelante. Y es entonces cuando el sonido de las olas nos hace tener un momento de paz. Y las pequeñas, gritando emocionadas mientras juegan a cazarlas, te arrancan una sonrisa.

25 jul 2011

Recuperando pequeñas parcelas (El sorprendente caso del tiempo reaparecido)


Este post es un juego de combinaciones con el anterior. Hay que buscar nuevas fórmulas... aquí tenéis algunos de nuestros trucos



La manera más fácil de ir al cine es ir a la sesión de noche. Ellas ya están durmiendo y tú las dejas con tu cuñado que te hace el favor. Eso sí, hay que elegir muy bien la película. Ya que vas una vez al año (con suerte) , como mínimo la película que sea buena (mi última, El discurso del rey, nada que decir... excelente película).



El sexo. Intentando olvidar el cansancio, cuando ellas hacen la siesta (a veces es difícil combinar que las dos se duerman en el mismo momento) o cuando ya están dormidas por la noche. Una buena alternativa... que alguien se las lleve a pasear o a jugar un rato.



Por el tema de las cremas, bañeras de agua caliente y depilaciones y peluquerías varias no he encontrado fórmula mágica. Ducha rápida y gracias, escapadas al mediodía para depilarme cuando ya hace tres semanas que digo que tengo que ir y compenetración total de la pareja cuando le dices que el sábado te levantarás a las siete para estar en las puertas de la peluquería a las ocho y así terminar lo antes posible.



Irse de fin de semana no se improvisa de hoy por hoy. Requiere una cierta planificación si bien con la experiencia vamos mejorando nuestros timmings y cada vez llevamos mejor la logística. Cuestión de práctica.



Salir tranquilamente con una amiga para ir a hacer el café significa que hemos organizado un "pequeñitas free day" (es decir, que se quedan las dos con abuelos, abuela o tía y primas). Sino la cosa se queda en intento de hacer el café, con las niñas dando vueltas y sin dejarte hablar de cosas trascendentales. En este apartado podríamos incluir ir a comprar ropa para mí.

Tema bailar en una discoteca mejor ni hablo. Me muero de ganas de bailar pero hace como tres años que no lo hago (menos cuando bailo en medio del comedor, pero no sería lo mismo).



¿Desayuno con calma? Hay días entre semana que me levanto a las siete y tengo que ir a buscarme el café con leche para llevar antes de llegar al trabajo porque no he tenido tiempo. Algún fin de semana lo hemos conseguido, aunque también es verdad que el concepto "calma" deberíamos redefinirlo. Me conformo con poder desayunar con cierta tranquilidad.



Hay un momento de la invasión que crees que no conseguirás escapar de esta vorágine. Incluso piensas que olvidarás todas aquellas cosas que hacías antes y tanto te gustaban. Y es verdad que ahora tienes multitud de emociones nuevas. Pero por suerte, algunas parcelas se van reconquistando. Hacerlo es vital, para la salud de una misma, de la pareja y de la familia. Poco a poco, cada uno vuelve a tener su espacio.