23 mar. 2015

Nuevo máster a la vista: maloclusión

Desde que soy madre he hecho infinidad de másteres: el de los pañales, leches en polvo, tipo de cama, sillas de auto, neumonías y resfriados, rabietas, gestión de emociones, caries y pulpotomías ... en fin, mirado fríamente, cada día es un máster.

Desde hoy me apunto a uno nuevo. Maloclusión.

Con las pequeñas tenemos un buen seguimiento con el dentista (a raíz de la pulpotomía de Ona que nos hizo ver las estrellas), pero en la escuela nos avisaron que hacían revisión dental la semana pasada con los profesionales del ambulatorio. Pienso que en este caso, ya va bien hacer otra revisión, no sea que hubiera aparecido alguna caries inesperada. Estas revisiones se hacen para prevenir y detectar de forma precoz posibles alteraciones de la salud bucal. Valoran aspectos como la existencia de caries, si la oclusión es correcta, el estado de las encías y el nivel de higiene.

Los resultados nos ponen en alerta de un problema que ya nos habían avisado pero que ahora ya tenemos que empezar actuar. Una de las pequeñas tiene maloclusión grave, mordida cruzada posterior derecha. La otra, maloclusión leve, tendencia clase molar II. Por lo demás, todo bien. Así que hemos pedido visita para recibir consejos sobre las necesidades del tratamiento de la maloclusión. De hecho, su dentista ya nos había avisado de que en los próximos meses nos deberíamos poner en ello.

Pues nada, ya tenemos hora. Es el primer paso del nuevo máster.

17 mar. 2015

Niños intrépidos


Los niños son intrépidos. Por naturaleza. Y también, creo, por la oferta que tenemos actualmente. Me explico. La primera vez que fui a esquiar tenía 29 años. Nunca me había atraído, pero mi marido quería probar y nos enganchó a los dos. A él siempre le ha gustado navegar (hacía windsurf y había llegado a tener una barca pequeña) y me hizo subir por primera vez a un hobie cat cuando tenía 28, de años (lo acababa de conocer). El verano pasado logró hacer realidad un sueño que hacía tiempo que perseguía, bajar en canoa por las gargantas del río Tarn. Yo tenía 42 años. Nunca he patinado sobre hielo, porque los patines y yo no somos buenos amigos. La primera vez que me puse un arnés para hacer rápel tenía 17 años.

Pues bien, las mellizas, con sólo 6 años, ya han hecho todo esto.

Se pusieron unos esquís con tres años, navegaron con su padre con un barquito con 4 o 5, patinan desde muy pequeñas, e hicieron canoa con 5 años y medio. Las pequeñas se pusieron arneses hace dos veranos para saltar de árbol en árbol.  El tema de la bicicleta fue impresionante y de golpe pasaron de sentarse en la silla detrás nuestra bici a seguirnos con la suya. Pedaleando con fuerza con dos ruedas. Hace unos días vieron su primer partido de hockey sobre hielo y ya las tengo deslizándose por casa con el palo de la escoba y una pelota desinchada. 


¿Son más intrépidos los niños de ahora que los de antes? Seguramente la respuesta es NO. ¿Tienen muchas más oportunidades que quizás generaciones pasadas no han tenido tanto al alcance ?. Me arriesgaría a decir que la respuesta en este caso es SÍ y NO. Analizado fríamente, pienso que son cosas que a nosotros nos gustaban y por tanto queremos que ellas hagan y así podamos disfrutar en familia (aaaggghhh, ¿qué hacemos si finalmente no les gusta?), O sencillamente cosas que queríamos hacer para probarlo y hasta que ellas no fueran un poco más mayores no podíamos hacer, y por eso hemos esperado. Las nuestras son "pequeñas" intrepideces, però ¡ojalá nos queden muchas por descubrir!

11 mar. 2015

'Tieta Air'



Febrero es sinónimo de nuestra tradicional 'escapada' de pareja. Tan vital, tan importante, y este año, tan necesaria para desconectar. Pero no quiero hablar de nuestra escapada, sino de lo que pasa cuando nosotros "no estamos". He volado en muchas compañías y he estado en muchos albergues, campings y hoteles. Pero, cuando nos vamos de escapada-solos, ¿qué pasa con las niñas?

No hay nada como las ofertas de "Tieta Air" (para despistados, las niñas siempre se quedan en casa mi hermana (su tía, ‘tieta’) y mi cuñado... y lo pasan pipa, lo esperan desesperadamente y con mucha ilusión).
Os lo cuento.

* Con 'Tieta Air' sólo se debe reservar con tiempo el fin de semana que necesitas, porque tiene muchas reservas propias.

* 'Tieta Air' no me plantea problemas de dimensiones del equipaje ni de peso, como en otras compañías aéreas. Las niñás pueden facturar las maletas que necesitan y no tienen límite de equipaje de mano en cabina

* 'Tieta Air' tiene una oferta especial en TI sin necesidad de pulseritas. También incluye la pizza para cenar, chupa-chups y chocolate

* Lo que más me gusta es que las clientas están abonadas al extenso programa de actividades organizadas por 'Tieta Air'. Compra, ordenar la comida una vez llegas a casa, preparar la comida y la cena, jugar con la prima que llega con más ganas de jugar que ellas, películas, teatro, leer y revisar todos los trabajos que han hecho en la escuela durante el fin de semana ...

* La compañía 'Tieta Air' incluye un sistema vía Whatsapp que te manda fotos de las pequeñas y mensajes de voz de tus hijas con preguntas como... "Mama, ¿vais a cenar fuera a un restaurante o ya está durmiendo?".

* Y gracias al WiFi, 'Tieta Air' recibe las fotos que nosotros vamos mandando del Atomium o del museo del cómic y se dedica a buscar explicaciones en Internet para que ellas vean lo que tú estás visitando.

Gracias por todo 'Tieta Air'!

Las ofertas de estancia con 'Tieta Air' son exclusivas y limitadas. Así que, lo siento, pero no puedo dirigiros a ellos, y creo que han borrado toda su presencia en Internet.


Ahora dejamos la broma. Escribo este artículo para reivindicar una vez más lo importante de poder hacer estas escapadas solos. A veces son necesarias sólo unas horas, otras se puede alargar más. Por eso son tan importantes los hermanos, primos, tíos, cuñados, abuelos y abuelas, amigos o canguros que nos dejan estos espacios y lo hacen posible.

5 mar. 2015

Adiós, 'avi'


¿Cómo hablar de la muerte con los niños y cómo explicarles esta parte de la vida?.

Era un tema en el cual pensábamos menudo, porque lamentablemente, era una cuestión que se nos acercaba de nuevo. Hace dos semanas murió mi suegro. Las niñas habían vivido el proceso degenerativo de la enfermedad que padecía, pero aun así, todavía le acompañaban en sus paseítos (cada vez más cortos) en silla de ruedas. Vivieron cómo el abuelo iba al Casal, y al igual que ellas, pintaba y le contaban cuentos. "Va a la escuela como nosotros, decían". En los últimos meses iban a verle a la residencia. Pero en cuestión de días se puso malito y se apagó.

A las niñas se lo contamos de entrada, nada más saberlo. ¿Pero cómo entienden el concepto de "morir"?. La reacción de cada una de ellas fue diferente. Una se quedó pensativa, y durante toda la tarde estuvo muy callada. Su hermana no paró de hacer preguntas. "¿Y ahora qué le pasará?". "¿Ya no estará en la residencia?". "¿Y dónde estará?". Intenté responder todas sus preguntas con un lenguaje que pudiera entender. Esto era un domingo por la noche. Decidimos que ellas seguirían su horario habitual de escuela y les ahorraríamos todo lo que significa tanatorio y ceremonias. Pero eso sí, responderíamos a todas las preguntas que nos hicieran. Y eso hicimos. Hemos explicado mucho que todos estamos tristes, hemos hablado de cajas de madera, de coches para llevar el abuelo al cementerio, del concepto nunca más... hemos hablado de todo. Hace unos días que no preguntan tanto, pero volverá a salir más adelante. Seguro. Y continuaremos respondiendo preguntas.


Las preguntas de las pequeñas son claras y concisas. Y te das cuenta, que somos los mayores que a veces no lo sabemos explicar muy bien. Porque ellas no hacen las preguntas habituales. Por suerte, en sus dibujos del día siguiente, el abuelo siempre sale riendo. Así que nos quedamos con este recuerdo.