Mostrando entradas con la etiqueta guardería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guardería. Mostrar todas las entradas

10 feb 2014

¿De verdad creemos que "engañamos" a los maestros?


Con el ritmo de vida que llevamos, a menudo o muchas veces, cuando nuestro hijo/a se pone enfermo, lo primero que pensamos no es en su tranquilidad o su salud sino como lo haremos al día siguiente, porque tenemos que ir a trabajar y no tenemos con quien dejarlo. Es así de triste, y así de duro. Así de entrada, este post podría girar en torno a la conciliación laboral y familiar (si queréis leer algun post al respeto aquí lo tenéis) o del concepto mal entendido de guardería como aparcamiento de criaturas, pero no. Mi única intención es reflexionar sobre los tejemanejes que llegamos a hacer los padres.

La situación se da mucho más en tiempo de la guardería (ahora me queda lejos, pero seguro que muchos estáis en esta etapa). La situación es muy frecuente y seguro que os suena . A media tarde, al llegar a casa, el niño/a está apagado y ya intuyes que si le pones el termómetro tendrá décimas. Lo haces... y efectivamente. 38’4.

¿Y qué es lo primero que piensas? ¿Dalsy o Apiretal? Al menos era mi dilema. Una de las gemelas me vomitaba directamente el Apiretal, así que dependiendo de los síntomas, le daba una cucharadita de Dalsy. Pero mientras tanto tú ya piensas en la logística del día siguiente. Yo siempre tenía y tengo la opción de dejar la enferma con una de las abuelas, pero... ¿y si no se tiene esta red tan cercana que pueda ayudarte? Pues muchas veces, por la mañana, como que se encuentran un poco mejor, cucharadita de nuevo de Dalsy o Apiretal y así esperas que la llamada "fatídica" de la escuela para decirte que se encuentra mal no se produzca hasta mediodía y con un poco de suerte habrás salido del trabajo y así podrás recogerlo.


¿De verdad creemos que engañamos a los maestros? Un día, hablaba de este tema con mi vecina, que justamente es maestra de jardín de infancia. Y se reía: "¡No! Lo intuimos a la primera. Es muy fácil saberlo“. "¿Ah sí? ¿Cómo lo sabéis?". "Les preguntamos. Marta (por ejemplo), ¿mamá te ha dado el jarabe naranja o el rojo?”

27 feb 2013

El día que dejé de ser yo


Recuerdo perfectamente el día que dejé de ser yo. Fue en septiembre de 2009. Tenía 37 años, que me habían costado bastante de forjar. Una carrera profesional, varios cursos, cinco idiomas, muchos viajes, horas y horas de lectura y multitud de experiencias vitales se volatilizaron en cuestión de segundos.

El primer día de guardería de las pequeñas dejé de ser Núria. Pasé a ser (en el mejor de los casos) la mamá de Ona y Estel. Y en un caso un poco peor, pasé a ser la mamá de “las mellizas”. Yo, mi yo más personal, más claramente marcado por mi carácter y mis pensamientos, se esfumó. Y pasé a formar parte de un grupo de madres y padres (mayoritariamente madres) que se podría denominar como “las mamás de la guardería”. Debo deciros que no me gustó nada esa sensación. No me gustaba nada esa uniformidad de un grupo de mujeres que nuestro único tema en común eran los niños de nuestra clase. No estaba acostumbrada a ello e intenté “escaparme” un poco de los tópicos. Pensé: “Sí, claro. Soy la mamá de Ona y Estel. Con estas otras mamás vamos a compartir mínimo dos años. Necesito saber cómo se llaman y dar valor a su nombre. Quizás ellas también piensan que se están esfumando”. No quiero decir que conociera ni congeniara con todas, pero por los menos, con las que creé más afinidades, la relación traspasó esta línea.



Lo conseguí sólo con algunas mamás. Ahora, en la escuela nueva, mi esfuerzo es mayor. Compartiremos muchos años de la educación de nuestros hijos, y su vínculo es también el nuestro. Me alegro de ir a cenar con algunas de estas mamás, y compartir con ellas más que las historias de nuestros hijos. Me gusta saber sus nombres y poder hablar de aficiones y expectativas. No es fácil con dos clases (50 niños, un centenar de adultos... no es tarea fácil).

Porque sí, porque es agradable volver a ser Núria. Igual de agradable (y orgullosa) que es ser “la mamá de Ona y Estel”, pero para mí es muy importante recuperar estos espacios. En todos ellos me siento cómoda, pero a veces es vital que nos reivindiquemos. A veces es muy fácil olvidar quién hay detrás de esa “mamá de”…

Este artículo es mi colaboración de este mes en De mujer a mujer y ahora ellos también

15 sept 2011

'Estrés escueladaptaciológico'


Sufro otra enfermedad ... sí, de esas extrañas enfermedades que tenemos los que somos padres. Se llama ‘estrés escueladaptaciológico’. Si me hubierais preguntado el martes habría respondido: “Como se alargue mucho más, yo no lo soportaré".

 
Me he obligado a esperar cuatro días para escribir sobre la adaptación a P3 y la nueva escuela. El martes fue muy duro. Los llantos fueron in crescendo sólo con pisar la escuela y se contagiaron entre ellas. Y por mucho que intenté calmarlas y tranquilizarlas ... cada vez era peor. Me fui de la escuela en medio de un drama. Eran las dos únicas pequeñas que lloraban. Y me sentía fatal. Cuando las recogí estaban tranquilas, pero no había ido demasiado bien. Quizás me sentía tan mal porque no me lo esperaba. En la guardería siempre se habían quedado muy contentas y sin llorar ... y hacía tiempo que hablaban de ir a la escuela de los "mayores". Sí, ya lo sé, paciencia, mucha paciencia. Son muchos cambios y tienen que asimilarlos. "No te estreses", me dice todo el mundo. Me lo dirán porque me lo notan en la voz. "Es normal". Sí, ya lo entiendo, pero a mí se me rompe el corazón.
El miércoles fue mucho mejor. De alguna manera, se cumplía la rutina que les habíamos contado durante todo el verano. "Ahora mamá por las mañanas no estará en casa. Papá os llevará a la escuela. Ona se encontrará con Jana y Estel con Dalia". También el miércoles: reunión con las dos tutoras. Gran conversación. Me cuentan que en algún momento han pedido ir a ver a su hermana. Como también lo han hecho los otros tres (!) pares de gemelos que hay en P3 (porque todavía hay quien no se cree la teoría de la invasión?).
Tensiones Ha sido una semana dura ... el martes especialmente, que me tocó el "drama" más fuerte. Hasta ese punto que debes decirte a ti misma "respira hondo, respira hondo". Aguanté como pude y al final me tumbé en la cama y pude desahogarme. No puedo evitar llorar en estas situaciones. Lo saco todo y luego me quedo más calmada. Creo que me salió todo. La tensión de los últimos 15 días. La tensión por tener que hacer lo imposible para cuidar de las niñas antes de que empiece la escuela y tú ya estás trabajando, la tensión de poner en marcha nueva temporada radiofónica y todos los ajustes que ello conlleva con nuevos horarios y volver al directo, la tensión de empezar en la escuela. La tensión de escuchar las declaraciones de una consejera de Educación que dice que las familias no nos viene de media hora y que no pasa nada si los niños salen más pronto. “Respira hondo, respira hondo”…
Fuera tensiones. Con mi mejor sonrisa cuento a las dos pequeñas que mañana volveremos a la escuela. Y que las iremos a buscar y jugaremos juntas toda la tarde. Sé que todavía habrá algún llanto. El gran qué es saber que están en muy buenas manos. Y eso es lo que más me tranquiliza.

28 jul 2011

Cuando 'vacaciones' deja de significar 'descanso'



En nada ya estaré de vacaciones. Desde hace unos días la frase que más escucho es: "Ala, ya tendréis vacaciones, ahora a descansar un poco". La dice gente que no tiene hijos. Porque ahora las vacaciones son muchas cosas nuevas, divertidas y apasionantes ... pero de descanso, poco. Con dos niñas de dos años y medio ... menos.

Nuestro primer verano lo pasamos en la Cerdanya. Entre que no había manera que una de las pequeñas comiera la papilla de verduras y que no teníamos muy claro cómo organizarnos y no cuadrábamos demasiado bien los horarios ... fue un verano que podríamos calificar de desastroso. Estábamos agotados. El segundo verano fue mejor. Siguiendo los horarios de la guardería todo funcionó como un reloj. Ya fue otra cosa. Ahora llega uno nuevo. Con la perspectiva de hacer muchas más actividades y de pasárnoslo muy bien con nuestros dos "bichitos", pero sé, a priori, que no descansaré. Cada día tendré que pensar en los menús, cada día me hará rabiar si no hacen la siesta y seguro que los horarios se descontrolaran un poco. Ahora no puedo pensar en organizar los viajes que hacía antes de ser madre. Como los echo de menos! Los veranos, antes, significaban viajes, idiomas, aviones y conocer muchísima gente. Sé que volverán.

Como el primero, el segundo y el próximo, será un verano diferente. El viernes será su último día en la guardería. Cerraremos una etapa para abrir una nueva y desconocida. Estaré de vacaciones, pero no olvidaré las actualizaciones de LA INVASIÓN TWIN.

Buenas vacaciones, y sobre todo ... ¡a descansar! ;)