Con el ritmo de vida que llevamos, a menudo o muchas
veces, cuando nuestro hijo/a se pone enfermo, lo primero que pensamos no es en
su tranquilidad o su salud sino como lo haremos al día siguiente, porque tenemos que ir a
trabajar y no tenemos con quien dejarlo. Es así de triste, y así de duro. Así
de entrada, este post podría girar en torno a la conciliación laboral y
familiar (si queréis leer algun post al respeto aquí lo tenéis) o del concepto mal entendido de guardería como aparcamiento de criaturas,
pero no. Mi única intención es reflexionar sobre los tejemanejes que llegamos a
hacer los padres.
La situación se da mucho más en tiempo de la
guardería (ahora me queda lejos, pero seguro que muchos estáis en esta etapa). La
situación es muy frecuente y seguro que os suena . A media tarde, al llegar a casa,
el niño/a está apagado y ya intuyes que si le pones el termómetro tendrá décimas.
Lo haces... y efectivamente. 38’4.
¿Y qué es lo primero que piensas? ¿Dalsy o Apiretal?
Al menos era mi dilema. Una de las gemelas me vomitaba directamente el Apiretal,
así que dependiendo de los síntomas, le daba una cucharadita de Dalsy. Pero
mientras tanto tú ya piensas en la logística del día siguiente. Yo siempre
tenía y tengo la opción de dejar la enferma con una de las abuelas, pero... ¿y si no se
tiene esta red tan cercana que pueda ayudarte? Pues muchas veces, por la mañana,
como que se encuentran un poco mejor, cucharadita de nuevo de Dalsy o Apiretal
y así esperas que la llamada "fatídica" de la escuela para decirte
que se encuentra mal no se produzca hasta mediodía y con un poco de suerte
habrás salido del trabajo y así podrás recogerlo.
¿De verdad creemos que engañamos a los maestros? Un día,
hablaba de este tema con mi vecina, que justamente es maestra de jardín de infancia.
Y se reía: "¡No! Lo intuimos a la primera. Es muy fácil saberlo“. "¿Ah
sí? ¿Cómo lo sabéis?". "Les preguntamos. Marta (por ejemplo), ¿mamá
te ha dado el jarabe naranja o el rojo?”

