14 jul. 2011

De acuerdo. Sí. Muy bien. Ya han nacido. ¿Y ahora qué? (2)



Mi post-operatorio fue horroroso (vaya, imagino que como todos, pero como no tenía experiencia ...). Sólo veía que pasaba mucho rato y yo sólo quería subir habitación. No pensaba en las niñas. Quería estar con Jordi. Me decían que cuando pudiera mover y levantar las piernas significaría que se me habría pasado el efecto de la epidural y podría ir habitación. Estaba obsesionada en ver si las podía mover y levantar los pies. Pero no había manera. Y entonces fue cuando se despertó realmente la herida. Lo que me chutaron debía ser fuerte, pero cuando me preguntaron "en una escala del 1 al 10, el dolor sería ...." me quedé con cara de idiota. No lo sé. No te lo sabría decir. "¿Qué quiere decir una escala del 1 al 10? Me hace mucho daño. Quiero salir de aquí".

Incluso tuve un momento surrealista. Me vino a ver una de las chicas que me atendió en la última visita. Era la que me había dicho y calculado que Estel pesaba 3 kilos 400 gramos y Ona, que era más pequeña, dos kilos y medio. Aquel día Jordi y yo no nos la creímos demasiado. "Es imposible que puedan saber exactamente cuánto pesan, con el lío de piernas y brazos que hay aquí dentro". Me vio y muy contenta me suelta: "¿Qué, sólo me equivoqué de 60 gramos, ¿eh?". "Ostia", pienso. Qué memoria la tía!.


Pero en la sala de postoperatorio las cosas se complican. Entre el dolor y el "chute" que me han dado, me cuesta estar pendiente de lo que pasa - ya tengo trabajo con mi propio cuerpo-. Intuyo que la situación en quirófano se ha complicado, porque llevan una chica que los hace ir de cabeza a todos. No sé muy bien qué ha pasado, ni porque está allí, ni qué ha pasado con su bebé. Sólo sé que las cosas no cuadran y que están nerviosos y tensos. La chica chilla. A mí también me pone aún más nerviosa, pero aún así, todavía me planteo si cuando miraba las series sobre hospitales y pensaba que eran peliculeras ... era del todo exagerado o no.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero me doy cuenta que puedo levantar los pies. Una cosa tan sencilla me parece un éxito abrumador. Me suben a la habitación. ¿Y las niñas? Quiero ver a mis niñas. Jordi ya ha avisado a la familia y están como locos. 

Cuando estoy en la habitación y las veo, y Jordi me abraza, ya no me puedo aguantar más. Me pongo a llorar. De felicidad. De emoción. Y de miedo. Ahora sí que ya las tengo conmigo.

1 comentario:

  1. Yo con el primero tuve una cesárea de urgencia con anestesia total, cuando desperté no había nadie a mi lado, lo recuerdo como el peor momento de mi vida, no pude estar tranquila hasta que vi a mi hijo y que todo estaba bien. Por si te quieres pasar escribí una entrada en mi blog.

    ResponderEliminar