30 jun. 2011

La verdad sobre las clases pre-parto


En la primera visita al ambulatorio, la comadrona me pareció un encanto. Me inspiraba confianza. Lástima que al cabo de unas semanas me la cambiaron y la que nos enviaron ... sinceramente ... era como no tener comadrona. Me gustaría pensar que es una persona que en un momento en el que vas muy perdido, te orienta, te soluciona dudas y te responde a preguntas que pueden parecer absurdas pero que a ti en ese momento te parecen trascendentales. Pero no fue exactamente así ...

Y eso que yo hacía el esfuerzo de tomarme en serio las clases pre-parto. Pensaba que me enseñaría cosas prácticas y podría hacer algunos ejercicios para tratar de desinchar las manos (estaba harta de tenerlas en remojo con agua y sal). La primera clase sí pareció que sería práctica ... sólo que cada clase era igual y no aportaba nada que realmente fuera interesante. (Por cierto, que en las clases post-parto pasó exactamente lo mismo). Además, cada vez que contaba algo, yo me sentía que me faltaba información. Siempre tenía que repreguntar: "Perdona, y eso en caso de gemelos ... ¿como se hace? O ¿como es mejor que lo organice? ". Y era cansado, porque curiosamente y extrañamente, sólo había unos gemelos en ese grupo. Entonces ... ¿porque seguir yendo a las clases (que eran un esfuerzo brutal, porque con el barrigón, ir de casa al ambulatorio era duro y me cansaba mucho ...)?

Básicamente porque sirvieron para crear la red más práctica de todo el sistema. Conocer un grupo de mujeres fantásticas que estábamos embarazadas del mismo tiempo y que fuimos pariendo gradualmente, con pocas semanas de diferencia. Con algunas nos encontramos en las clases post-parto. Y un grupo de estas madres todavía ahora nos seguimos viendo y seguimos aportándonos la información más valiosa. Realmente, fue lo único bueno que salió de la comadrona. Como no podía hacer comparaciones, en ese momento no sabía si era buena o mala, pero yo ya veía que no estaba sacando nada bueno. Y lo terminé confirmando la noche del 14 de diciembre de 2008, el día que ingresaba para el parto. Resulta que el hospital, cuando les dije de qué ambulatorio venía, todo el mundo la conocía. ¡Que suerte la mía, eh!

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