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5 feb 2015

Esquí-malabarismos



De adolescente nunca me había atraído esquiar. De hecho, empecé muy mayor, con mi marido. Él quería probarlo y nos gustó. Bueno… nos atrapó. Al principio estaba atenta constantemente a todo. Mis pies, las botas, mis rodillas, los palos, las gafas, cómo poner los esquís… preocupada por no caerme en el telearrastre o telesilla de turno y quedarme allí colgada con toda la gente mirándome. La previsión era que nos parábamos a media pista (verde o azul, no alucinéis, como mucho una roja) y nos esperábamos con mi marido. Yo alucinaba cuando veía a bólidos de 4 o 5 años que ni se preocupaban si la pista que pillaban era verde o negra.

Ahora lo último que me preocupa son mis palos, mi estabilidad o si las botas me aprietan o no. Soy capaz de bajar la pista, móvil en mano para gravar a una de las mellizas. No sólo llevo mis palos en el telearrastre, sino que llevo los de una peque y encima soy capaz de girarme para ver que me sigue y no se ha caído. Lo último que me importa en el telesilla en pensar si alguien va a verme si me caigo. Sujeto mis palos, los de la niña, con la otra mano la sujeto a ella. Con esa mano –semilibre-  la ayudo a subir y a bajar y… ¡milagro!, no nos hemos caído. Al principio nos seguían bien bajando las pistas, pero ahora ya van de “sobradas” y tengo que acelerar para perseguirlas. Mientras descansamos un momento, compruebo que su casco está bien puesto y que sus guantes no lleven nieve dentro.


Y sé, con cierta envidia, que dentro de poco ellas ni se plantearan si la pista que bajan es verde o roja y que yo iré detrás suyo, volviendo a concentrarme en cómo tengo que hacer los giros para no terminar con el culo en el suelo sin poder levantarme. 

2 feb 2015

¿En qué se parecen la arena y la nieve?


A priori... en nada. Una la asociamos a la playa y la otra a la montaña. Una me hace pensar en calor, ese momento que bajas a la playa y como le ha estado dando el sol, te quema la planta de los pies. Una se te pone por todas partes, dentro del bañador, en las uñas ... seguro que habéis "comido" más de una vez. Puede ser muy fina o gruesa, y rasposa. De un blanco claro, pasando por todas las tonalidades de crudos y marrones e incluso roja o negra. La otra, la nieve, es fría. De una textura que va del azúcar en polvo a piedrecitas, de un blanco que hace daño a los ojos. A veces se te pega a los ojos y hace daño, de tan fría y blanca.

Entonces... ¡¿en qué se parecen la arena y la nieve? Tienen un punto en común que las hace idénticas. Son un imán para los niños. Poned niños sobre la arena o sobre la nieve y tendréis diversión para un buen rato. No hay nada que los haga saltar tan rápido como dos frases:

- Vamos a hacer castillos de arena
- Vamos a hacer un muñeco de nieve (ya funcionaba incluso antes de Frozen)


¿Y sabéis en qué se parecen también? En la fantástica capacidad que tienen las dos, arena y nieve, de convertir a los niños en croquetas…