25 sept. 2013

A mí me daban dos


Noooo, no se trata de hacer publicidad subliminal. Sólo que explica muy bien un fenómeno que ocurre a menudo en nuestra casa, y es que hay muchas cosas duplicadas. Esta foto de Ona paseando los dos muñecos, con unos cochecitos que gracias a unas cintas hemos convertido en doble, explica muy bien que para Ona y Estel, lo más normal es que las cosas sean multiplicadas por dos. No sé porque me sorprendo... es lo que han vivido toda su vida en casa.

Cuando alguna madre de la escuela está embarazada y explica que va a tener  un niño, se me quedan mirando sorprendidas y preguntan: "¿Sólo tendrá uno, de bebé?". Cuando alguna vez alguien les han preguntado si les gustaría tener un hermanito / a, responden tan tranquilas: "No, queremos tener dos, uno para cada una". En su vocabulario, "yo", "mío" y "a mí" tienen una importancia capital. Pero el "nosotras" aún más. Hay momentos que juegan solas, pero su mejor compañera de juegos es su hermana. Y eso, eso es fantástico. Me encanta cuando veo que se dan la mano cuando a alguna le da miedo algo, como lo celebran cuando una consigue lo que le daba miedo, como se animan a superarse. Y al mismo tiempo discuten porque una le ha tomado esa muñeca que la otra quería coger, una intenta morder a la otra porque pretende ponerse una camiseta que era suya, e incluso se dan un manotazo porque una no le deja ver los dibujos a la otra desde el sofá. Sí, ser dos tiene muchas ventajas... y también inconvenientes. Pero hay algo que lo domina por encima de todo: la magia de la complicidad. Y ese vistazo furtivo que siempre dan para controlar dónde está su hermana y qué está haciendo.




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