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26 ago 2013

Unas gafas con poderes mágicos



Más de una vez os he explicado que las mellizas han reaccionado de forma muy diferente a las clases de natación. Hace poco os detallaba que se me había roto el corazón cuando vi lo mal que lo pasaba Ona en el último día de clase (-->  podéis leer Con el corazón encogido).

Este verano hemos seguido trabajando este aspecto. Obviamente hemos continuado felicitando a Estel porque realmente ha avanzado mucho... pero también a Ona, por cada pequeño paso que daba. Unos días en la playa le sirvieron para darse cuenta que los otros niños (algo mayores o que ya nadaban), lo pasaban muy bien saltando las olas. Esto la motivó. Pero el gran acierto - descubrimiento - sorpresa - suerte de la temporada fueron unas gafas de natación. Estel hacía días que nos las pedía, porque le gusta ir por debajo del agua y los ojos se le enrojecen mucho. Así que las fuimos a comprar. Y cuál fue nuestra sorpresa al ver que, con las gafas, Ona perdía todo el miedo a bucear, nadar y lanzarse al agua sin ningún tipo de problema, y disfrutando de la sensación.

La hemos aplaudido y felicitado muchísimo. Su hermana le dijo muy contenta que ahora se podrán decir "hola" debajo el agua. Le hemos dicho que su monitor estará muy contento cuando la vea el año que viene. Y ella se ha convertido en un pequeño delfín, dice.


Creo que ha sido una extraña combinación del resultado de todo un año de extraescolar, de una pequeña dosis de competitividad y orgullo con su hermana... y sobre todo, de unas gafas de natación mágicas y rosas que han vencido todos los miedos. Ya os contaré si los poderes mágicos continúan...

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27 may 2013

Con el corazón encogido



El artículo de hoy lo escribo porque esta tarde he pasado tres cuartos de hora con el corazón encogido. Sólo han sido 40 minutos... qué digo, no llega ni a 40 minutos... con el corazón doliéndome. No hay nada peor que ver como uno de tus hijos lo pasa mal, y llora. Y eso es lo que me ha pasado esta tarde.

Era el último día del curso de natación. A Ona siempre le ha costado un poquito, y tiene más miedo a lanzarse al agua, o a nadar sin ayuda de ningún apoyo. Los días que yo no voy, no protesta demasiado y como ya lo había hablado con el monitor, avanza a su ritmo. Hace ejercicios contenta y pasito a pasito, va aprendiendo. Además, es una niña a la que le gusta tener personas cuidadoras como referentes claros. Y que no cambien demasiado. Pues justo hoy que era el último día, su monitor estaba enfermo. Y hoy que era el último día, los padres podíamos entrar a ver como hacían la clase. Y sólo con verla entrar en la piscina, ya he sabido que lo pasaría mal. Cuando iba viendo los ejercicios que hacían los otros niños y que a ella le dan miedo, se ha puesto a llorar. Se ha quedado sentada junto a la piscina, con la cara roja y triste. Yo la miraba, como estaba allí, deseando estar en otro lugar. Supongo que el monitor nuevo ya estaba sobre aviso, porque la ha bajado hasta la piscina y la ha ayudado en algunos ejercicios. Pero aún así también he visto como una vez ya estaba dentro del agua y se sentía segura, los hacía y volvía a ponerse en la fila para hacer el siguiente, aunque en algún momento se ha puesto detrás de un compañero para ver si el monitor no la veía.

La hemos felicitada especialmente por los ejercicios que ha hecho y por este esfuerzo. Porqué aunque algunas cosas le daban un poco de miedo, y estaba asustada, después se ha visto capaz de hacerlo y ha salido adelante. Después me ha explicado que no conocía el monitor y que el suyo tenía fiebre. Y que ella quería su monitor. Le he dicho que me había gustado mucho ver cómo hacía los ejercicios, porque así podríamos hacer prácticas este verano en la piscina y en la playa. Me ha contestado con un "sí" entusiasta. He respirado. He respirado como no lo había podido hacer en esos 40 minutos (¡qué digo 40!), donde mi primera reacción hubiera sido ir a buscarla y abrazarla. Es duro, es un aprendizaje. A nuestro juicio, muy importante, una cuestión de seguridad. Como mínimo que puedan aguantarse en el agua. El año que viene volverá para poder consolidar estos aspectos, como mínimo. Y si acaso, el perfeccionamiento, ya lo dejaríamos para más adelante.

Y un apunte para aquellos que, empeñados, siempre dicen que las gemelas son iguales. Su hermana, Estel, disfruta de lo lindo en natación. Salta sin miedo, se hunde, nada un par de metros y ya mueve los brazos con toda la intención de desplazarse. Se pone de espalda, al revés y tiene una decisión y una valentía por la cual también la hemos felicitada. Su monitor nos asegura que sus ganas de aprender y el esfuerzo que ha hecho han permitido que hiciera un progreso impresionante.

Y por otro lado, lo que más ha fascinado a algunos de los padres, es que en el primer momento que ha visto llorar a su hermana (están en grupos diferentes), la ha llamado: "Ona, no llores. No pasa nada. No tengas miedo. Agárrate fuerte al churro y patalea" y la ha saludado con la mano. Ha tenido tiempo para todo: para nadar, ponerse a tiro y posando para que la fotografiara y ayudar a su hermana.

Hoy, hemos vuelto de natación con dos campeonas.

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17 ene 2013

Ayudar a los niños cuando tienen miedo



Ona le ha cogido "manía" a la extraescolar de natación. El último día antes de vacaciones (ese día no pude acompañarlos), comenzó a llorar y a decir que tenía dolor de estómago. Se quedó tranquila con las madres.

Ya lo intuía, así que durante las vacaciones, estuve hablando con ella y le comenté que si algo de lo que hacían en clase le daba miedo, que se lo dijera y explicara a su monitor y lo más probable es que no tuviera que hacerlo. Así no tenía que sufrir ni ponerse nerviosa. Se me quedó mirando y me decía que sí, que se lo diría.

El lunes pasado volvimos a natación. Fui para ver cómo iba y de paso, hablar con el monitor de Ona, para ver cómo la veía a ella durante la clase. Una vez cambiada, empezó a lloriquear... La acompañé al baño y comenzó a llorar. A mí estas situaciones me "matan". ¿Cuál es la mejor reacción? ¿Cuál es la mejor manera de ayudarles? ¿Qué debemos hacer si no nos acaban de explicar qué les pasa? Le volví a preguntar y me dijo que tenía miedo. Otra madre puso sobre aviso a su monitor y en nada ya lo tenía allí. Era el momento de hablar con él. Me comentó que cuando hay algo que no ve claro, Ona sencillamente no lo hace. Que en cambio, hay otras actividades que se lo pasa muy bien y hace sin problemas. Y comentó que no pasaba nada si en algún momento no lo quería hacer o se ponía a llorar.

Tenía que decidir. Tenía que decidir qué hacer y que Ona entendiera que aquella era mi postura, que también serviría cuando yo no estuviera. (Me había estado mirando atentamente y escuchando de qué hablábamos). Le sequé las lágrimas y le dije que tenía que ir con los otros niños a la clase de natación. La cogí de la mano y la acompañé a la piscina, donde otro monitor la cogió. Con el corazón latiendo a mil por hora, me volví de espaldas y salí. Salí corriendo, con esa terrible sensación de no saber si estás haciendo bien las cosas o no.

Es importante que aprenda a nadar, una cuestión de seguridad. Pero… ¿y si le coge manía y aún se cruza más? Si no le gusta y yo le obligo, ¿qué pensará de mí? ¿Le estoy haciendo bien o mal? ¿Cómo debería reaccionar? ¿Qué le debo decir? ¿Cómo lo hemos de tratar?

La cabeza me hierve y de camino a la cafetería veo a su hermana gemela, Estel, lanzándose al agua de un salto, hundiéndose, pero empezando a mover los brazos para llegar hasta el monitor, que le espera a dos metros de donde ha saltado ella. Una de las madres me comenta que ha sido la primera en hacerlo y que antes ya ha hecho otro ejercicio y que ha sido "muy valiente". Cuando algún fin de semana vamos juntos a la piscina, es una de las cosas con las que vamos con más cuidado: no hacer comparaciones. Hay que evitar decirle a Ona comentarios tipo "ostras, Ona, mira qué bien lo hace Estel, a ver si tú también lo haces" ... porque entonces Ona se cierra en banda. Y es que no me canso de decirlo. Son gemelas. Pero son dos hermanas, absolutamente diferentes. Sólo que se llevan 3 minutos de diferencia a la hora de nacer.

Tenemos 20 minutos para hacer el café, y el tema de conversación gira alrededor de otros años, y de las experiencias cuando los niños cogían miedo al cursillo y lloraban. Yo sólo pienso en Ona y en cómo lo debe estar pasando y qué debe estar haciendo. Cuando salen, su monitor me dice que ha ido bastante bien, que han hecho un trato. "La semana que viene no llorará y si hay algo que no quiere hacer me lo dirá", me comenta. Ona me coge la mano y sonríe. Yo también. Detrás suyo aparece Estel y también le da la mano.

"Ona, al final te has bañado, ¿verdad? Te he visto ". (Me la como).

Los niños cogen miedos y nosotros los tenemos que ayudar. ¿Habéis pasado por una situación similar a ésta? ¿Como lo has tratado de solucionar?

7 feb 2012

El cuento de la princesa Ventolín (primera parte)


Este es el cuento de la princesa Ventolín, un cuento con una protagonista preciosa, unos virus muuuuy, muuuy malos, y unos papas que sufrieron mucho por primera vez (y sabiendo que no sería la última). Pasó prácticamente hace dos años, pero sólo que acordarse de ello, me estremezco. Venga, que empieza el cuento.

Érase una vez, en una ciudad no muy lejana... Había una princesa que tenía un poco de tos. Durante dos semanas, su hermana gemela no se había encontrado demasiado bien, pero ella, aguantaba y aguantaba, y no daba signos de fatiga. Jugaba y gateaba, se subía a todas las sillas y lo tiraba todo por el suelo. La pequeña princesa, pero, no terminaba de ponerse bien, y además, era tan delicada, que cuando tenía que tomar Apiretal o Dalsy, vomitaba todo lo que los cocineros reales habían hecho para comer, para cenar, o en formato biberón . Los reyes decidieron llevarlas al pediatra del reino, que les dijo que una tenía un poco de otitis y faringitis, y la otra un proceso gripal "normal". Pero los avisaron: "Si en 48 horas no se encuentra mejor, tenéis que ir al hospital".

Todos contentos y confiados en que no sería necesario, los papas fueron a la farmacia a buscar los medicamentos... y de vuelta a su castillo. Pero dos días más tarde, la intranquilidad se apoderó de toda la familia. La princesa Estel estaba "apagada" y continuaba tosiendo. Coincidiendo con el Barça - Madrid (otro día os contaré 'la maldición') y cogiendo un yogur sólo por si la princesa tenía hambre, fueron al Hospital. Muchos niños y padres preparaban el asalto de urgencias, intentando llegar a un box y a la visita del pediatra.

La mama de la princesa, que se pensaba que le confirmarían aquello de "tranquila, esto es lento y tendrá que estar un par de días más en casa ... que se tome esto y lo otro ", se sorprendió al ver que se miraban mucho a la niña e intuyó que algo no iba del todo bien. Y efectivamente, a la princesa Estel le hicieron la primera radiografía, la primera "fumigada" de Ventolín (3 en una hora) y llegó el momento horroroso:

"Os tenéis que quedar ingresados en urgencias"-dijo la doctora-.

(Continuará)

28 oct 2011

Miedos que paralizan



Recupero el relato cronológico de la invasión y recuerdo aquellos miedos paralizantes de los primeros días. Aquellos días en que todo es nuevo. Recuerdo el momento de llegar a casa. Con un viaje desde el hospital de cinco minutos y que os lo juro, se hizo eterno. Con nervios, pero con la comida hecha (que para estas cosas mi madre es muy práctica y ya imaginaba que no teníamos nada en la nevera ni ganas de cocinar nada). Descargar todo y situarnos de nuevo. Fue como si hubiéramos hecho una mudanza. Era como un piso nuevo.

Ahora lo recuerdo en medio de una neblina. El sufrimiento porque no me subía la leche. El sufrimiento de pensar si podría dar el pecho a las niñas. Me habían hecho cesárea... aunque me encontraba bastante bien, me costaba aguantar el peso de las pequeñas. Recuerdo especialmente el miedo que teníamos (los dos), de pisarlas, de aplastarlas por la noche, en nuestra cama. Dormían en los cunita en nuestra habitación, pero a menudo se dormían en brazos con nosotros. A veces me había dormido con ella en el brazo izquierdo. De repente me despertaba... y no estaba! Me cogía un sobresalto y despertaba a mi marido: "Jordi, donde es la niña?". Me miraba sorprendido: "Tranquila, lo he puesta en la  cunita". El co-lecho con dos bebés tiene algunos inconvenientes ... Recuerdo que me obsesionaba pensar si comían lo suficiente o no ... si dormían demasiado o demasiado poco. Si las abrigaba demasiado o si iban demasiado destapadas. Estaba tan cansada que tenía miedo de dormirme y que una niña me cayera de los brazos.

Pero eso fueron sólo los primeros días. Supongo que es el peaje de ser madre por primera vez y que de repente, tienes dos criaturas. Luego, poco a poco, todo toma su medida, y creo que fuimos capaces de aplicar el sentido común, que a menudo parece que no está suficientemente valorado. Cada cosa a su tiempo. Son de aquellos miedos que observados desde el privilegiado paso del tiempo, te hacen pensar cómo y cuánto has aprendido y sobre todo, cuántas cosas te han enseñado tus hijos

21 jul 2011

¿Cómo demonios se hace un biberón?


Ahora pienso en ello y me parece increíble que llegara a plantearme que no sabía ni cómo hacer un biberón. Durante meses llegué a preparar 16 al día. Nuestro lema era: "Prepara biberones, da biberones, lava biberones". Tenía la terrible sensación de que no hacía nada más en todo el día, aparte de –también-  ir con los pechos al aire y dar de mamar. Y en sólo dos días entendí la frase que me decía todo el mundo: "Os vais a gastar un dineral en leche".Al llegar a casa me di cuenta de que aquellas criaturas tenían que comer ... En el hospital los "bibis" de apoyo ya venían hechos, pero en casa tenían que hacerse. Cuando nos quedamos solos y fui consciente de ello, me agarró un ataque de impotencia, rabia y desesperación. ¿Como teníamos que hervir el biberón? ¿Qué tetina les gustaría? Y qué medidas de leche les teníamos que hacer? Esto era algo que no entendía y me obsesionaba. Todo el mundo me decía: "Ya lo irás viendo, si tiene más hambre te pedirá más". Pero a mí me fascinaba esa "fe" que todo el mundo tenía en mi capacidad de ver las cosas. En aquel momento no veía nada y me puse a llorar porque no sabía preparar el biberón. Por suerte, fue Jordi que me dijo que no tenía ningún secreto y lo hizo.

2 niñas. 8 tomas. 16 biberones al día. Sí, claro, eran pequeños pero 16 biberones al día se dice pronto. Y otra gran pregunta ... ¿qué leche comprar? Compramos la misma que nos dieron en el hospital (pero atención, desconocimiento total de los tipos de leche, cuáles son mejores y porque, etc ...). No quiero hacer propaganda gratuita, pero el primer bote de Enfalac 1 de 900 gramos nos costó casi 24 euros. ¿Recordáis  lo de los 16 biberones? El bote duró 3 días. 31 días, dividido entre 3, son 10.3 botes. 10 botes multiplicado por 24 euros ... ¿Qué ?????? ¿¿240 euros mensuales en leche?? La invasión twin, que conlleva la consecuente multiplicación por mil del gasto económico, provoca que el ingenio también se multiplique por mil. Por un lado, la tranquilidad de estar en casa y el hecho de empezar a controlar la situación me ayudó mucho en la lactancia materna e iba combinando el pecho con el biberón. A la hora de la verdad no me sirvieron ni experiencias, ni consejos, ni filosofías. Hice lo que me surgió con más fluidez. El otro gran hecho que ayudó a frenar el incipiente y creciente gasto en botes de leche, fue descubrir los socios de los gemelos para la conspiración mundial. Aprendimos a negociar con las farmacéuticas.

8 jul 2011

Ya han nacido. Y ahora qué? (1)



Entro en quirófano y una docena de personas me están esperando. Me asusto. Hay motivo para ello, ¿no? Ya sé que en un parto de gemelos el equipo es doble, pero me parece un poco heavy. El anestesista-que es un tio genial-me dice que se me ha alterado la tensión y que si estoy nerviosa. Es la primera vez que entro en una nave espacial, pienso. Y he escuchado tantas cosas de la epidural que sólo de pensarlo me pongo más nerviosa. Pero ni siquiera la noto mucho. Llegados a este punto, sólo pienso que al cabo de un rato veré a Ona y Estel.

Podré comprobar si son como me las he imaginado durante todos estos meses. Si la intuición no me traicionó cuando supe quién era quién. Porque siempre habíamos dicho que tendríamos una Ona o un Oriol (como podéis comprobar, no teníamos para nada contemplada la opción de tener dos hijos ... con "uno para probar ya tenemos suficiente"). Por lo tanto teníamos un nombre: Ona. Pero ... y el otro bebé? Una buena amiga me dijo que no me preocupase, que ella misma-la pequeña-me diría cómo se llamaba. Y un buen día, supe que se llamaba Estel. Muy bien, ya tenemos los dos nombres. Pero cuál es cuál? Lo sabré cuando nazcan? Yo tuve la necesidad de identificarlas dentro de la barriga, para poder hablar con ellas y crear una comunicación necesaria para entendernos (sobre todo por la noche, cuando Ona no paraba de moverse y no me dejaba dormir de ninguna manera!).

Estoy en quirófano y sólo cuando empiezan la cesárea mi cerebro es capaz de reaccionar y ver que lo que me están haciendo es realmente una operación quirúrgica en mayúsculas. Sólo pienso: "Cuando me despierte de esto y no tenga anestesia las pasaré putas". La sensación que me están removiendo de una manera brutal provoca que cuando la comadrona me dice que mire hacia la derecha que Estel ya sale, esté en una nube. Veo un manojo lleno de sangre que pasa por mi derecha. Y de repente, me ponen la cara de Estel en mi mejilla. También hace meses que me imagino cómo debe ser ese momento. Y evidentemente, no hago nada de lo que me había imaginado. Me la quedo mirando. Son las 10.53h de la mañana. No tengo tiempo de reaccionar. A los tres minutos sale Ona. También me la ponen en la mejilla. Es más pequeña. No lloro. Estoy tan asustada que no soy capaz de emocionarme. Mi cerebro no puede pensar en nada más que en preguntar si están bien.

Sí, están bien. Me dicen que se las llevan con su padre. Intento imaginar cómo reaccionará Jordi. ¿Son como las imaginaba? ¿Qué dirá? ¿Qué hará? (Horas después me explicará su situación cómica sentado en medio de un pasillo de quirófanos con una criatura en cada brazo ... mientras la gente le iba felicitando, él les explicaba que las estábamos esperando y todas las cosas que haríamos juntos). Al cabo de un rato, no sabe si fueron cinco minutos o media hora ... pide ayuda para poder subir habitación con las dos criaturas. A mí, tendrán que esperarme aún un buen rato.