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10 feb 2014

¿De verdad creemos que "engañamos" a los maestros?


Con el ritmo de vida que llevamos, a menudo o muchas veces, cuando nuestro hijo/a se pone enfermo, lo primero que pensamos no es en su tranquilidad o su salud sino como lo haremos al día siguiente, porque tenemos que ir a trabajar y no tenemos con quien dejarlo. Es así de triste, y así de duro. Así de entrada, este post podría girar en torno a la conciliación laboral y familiar (si queréis leer algun post al respeto aquí lo tenéis) o del concepto mal entendido de guardería como aparcamiento de criaturas, pero no. Mi única intención es reflexionar sobre los tejemanejes que llegamos a hacer los padres.

La situación se da mucho más en tiempo de la guardería (ahora me queda lejos, pero seguro que muchos estáis en esta etapa). La situación es muy frecuente y seguro que os suena . A media tarde, al llegar a casa, el niño/a está apagado y ya intuyes que si le pones el termómetro tendrá décimas. Lo haces... y efectivamente. 38’4.

¿Y qué es lo primero que piensas? ¿Dalsy o Apiretal? Al menos era mi dilema. Una de las gemelas me vomitaba directamente el Apiretal, así que dependiendo de los síntomas, le daba una cucharadita de Dalsy. Pero mientras tanto tú ya piensas en la logística del día siguiente. Yo siempre tenía y tengo la opción de dejar la enferma con una de las abuelas, pero... ¿y si no se tiene esta red tan cercana que pueda ayudarte? Pues muchas veces, por la mañana, como que se encuentran un poco mejor, cucharadita de nuevo de Dalsy o Apiretal y así esperas que la llamada "fatídica" de la escuela para decirte que se encuentra mal no se produzca hasta mediodía y con un poco de suerte habrás salido del trabajo y así podrás recogerlo.


¿De verdad creemos que engañamos a los maestros? Un día, hablaba de este tema con mi vecina, que justamente es maestra de jardín de infancia. Y se reía: "¡No! Lo intuimos a la primera. Es muy fácil saberlo“. "¿Ah sí? ¿Cómo lo sabéis?". "Les preguntamos. Marta (por ejemplo), ¿mamá te ha dado el jarabe naranja o el rojo?”

7 feb 2012

El cuento de la princesa Ventolín (primera parte)


Este es el cuento de la princesa Ventolín, un cuento con una protagonista preciosa, unos virus muuuuy, muuuy malos, y unos papas que sufrieron mucho por primera vez (y sabiendo que no sería la última). Pasó prácticamente hace dos años, pero sólo que acordarse de ello, me estremezco. Venga, que empieza el cuento.

Érase una vez, en una ciudad no muy lejana... Había una princesa que tenía un poco de tos. Durante dos semanas, su hermana gemela no se había encontrado demasiado bien, pero ella, aguantaba y aguantaba, y no daba signos de fatiga. Jugaba y gateaba, se subía a todas las sillas y lo tiraba todo por el suelo. La pequeña princesa, pero, no terminaba de ponerse bien, y además, era tan delicada, que cuando tenía que tomar Apiretal o Dalsy, vomitaba todo lo que los cocineros reales habían hecho para comer, para cenar, o en formato biberón . Los reyes decidieron llevarlas al pediatra del reino, que les dijo que una tenía un poco de otitis y faringitis, y la otra un proceso gripal "normal". Pero los avisaron: "Si en 48 horas no se encuentra mejor, tenéis que ir al hospital".

Todos contentos y confiados en que no sería necesario, los papas fueron a la farmacia a buscar los medicamentos... y de vuelta a su castillo. Pero dos días más tarde, la intranquilidad se apoderó de toda la familia. La princesa Estel estaba "apagada" y continuaba tosiendo. Coincidiendo con el Barça - Madrid (otro día os contaré 'la maldición') y cogiendo un yogur sólo por si la princesa tenía hambre, fueron al Hospital. Muchos niños y padres preparaban el asalto de urgencias, intentando llegar a un box y a la visita del pediatra.

La mama de la princesa, que se pensaba que le confirmarían aquello de "tranquila, esto es lento y tendrá que estar un par de días más en casa ... que se tome esto y lo otro ", se sorprendió al ver que se miraban mucho a la niña e intuyó que algo no iba del todo bien. Y efectivamente, a la princesa Estel le hicieron la primera radiografía, la primera "fumigada" de Ventolín (3 en una hora) y llegó el momento horroroso:

"Os tenéis que quedar ingresados en urgencias"-dijo la doctora-.

(Continuará)