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17 ago 2015

Mi 'Iron-mom' del verano


Hace unos días, me quedé enganchada a un reportaje sobre el Ironman de Cairns, en Australia. No es que sea muy fan de estas pruebas, pero es que Cairns nos maravilló, y por un momento, fue cómo volver a viajar a este maravilloso punto del planeta. Total, que allí estaba yo, viendo a esos deportistas profesionales y otros amateur, pedaleando una bestialidad de kilómetros, nadando a mar abierto durante una hora o más y corriendo no-sé-cuantas millas por las calles y los paseos. Y pensando cómo eran capaces de aguantar ese esfuerzo titánico, por el cual entrenan a diario con el objetivo, la mayoría, de simplemente llegar a la meta y superarse a sí mismos.

Y no seré nada original cuando me di cuenta que yo tenía mi propio Ironman. O Ironwoman. O Ironmom, con el juego de palabras que más de uno ha usado, seguramente. Ya no hablo del reto anual, sino únicamente de mi Iron-mom de vacaciones, de verano. Y no, no hablo únicamente de conciliar las 12 semanas de vacaciones de las mellizas con nuestras 4 semanas de vacaciones (y sé que somos afortunados). Ahí va, por encima... 

Mes de julio: Casal de verano de 9 a 15, pero tienen que llevan la comida en un tupper. Competición para tener preparado todo a las 8.30h para poder coger el autobús y llevarlas a tiempo. Cada día tienen que llevar cosas diferentes (que si juegos de agua, excursión, actividades diversas…). Entrenamiento mental requerido para acordarte cada día de lo que tienen que llevar y no olvidarte nada. Dejarlas a las 9h, salir corriendo para el trabajo. Terminar de trabajar a las 14.30h. Salir corriendo a buscarlas (ya llevo dos carreras). Comer rápido-rápido, que a las 16.30h vuelves a estar delante del ordenador en la redacción.

Vacaciones: ya hablaré otro día de esto, pero cada vez me cuesta más desconectar y coger el ritmo de vacaciones. De nuestro ritmo habitual a estar los 4 juntos, 24 horas al día, supone un ejercicio importante.

                Playa: pasarse la mañana y la tarde jugando a palas, nadando, haciendo volteretas en el agua, verticales en el agua, haciendo castillos de arena y miles de barreras y construcciones, hacer volar cometas, cazar pelotas en el agua… Descubrir el bodyboard. Coger la bicicleta y hacerse el paseo, arriba y abajo. Abajo y arriba. No hay Ironman que lo resista.

                Montaña: Sube piedras. Baja piedras. Excursión de 5 horas, al lado de un río, con unos desniveles importantes. Ahora me adelanto. Ahora tiro para atrás. ¿Qué hay una mesa de ping-pong? Cada mañana quieren montar campeonatos. ¿Qué hay unas cintas de esas para saltar como saltamontes? Vamos a probarlo. ¿Unas pelotas gigantes dentro del agua? Vamos dentro. ¿Caminos para bici de montaña? ¿Quién se resistiría?

Casal de agosto (diferente al de julio. Van por primera vez. Riego máximo): Incluye también el pack “ten en cuenta cada día lo que tienen que llevar en la mochila y sobretodo no te equivoques”. La primera semana muy bien. O eso parecía. Dicen que no les gusta, y cada mañana tenemos lágrimas des de que se levantan hasta que las dejo. Las Iron-mom tenemos que hacer frente también a un duro entrenamiento psicológico. Llego al trabajo agotada.


Y nos queda una semanita de vacaciones, dónde nuestro hit será hacer canoa en el río.

Creo que mi Iron-mom de vacaciones (y seguro que el vuestro) podría formar parte del circuito internacional. ¿Verdad?

17 mar 2015

Niños intrépidos


Los niños son intrépidos. Por naturaleza. Y también, creo, por la oferta que tenemos actualmente. Me explico. La primera vez que fui a esquiar tenía 29 años. Nunca me había atraído, pero mi marido quería probar y nos enganchó a los dos. A él siempre le ha gustado navegar (hacía windsurf y había llegado a tener una barca pequeña) y me hizo subir por primera vez a un hobie cat cuando tenía 28, de años (lo acababa de conocer). El verano pasado logró hacer realidad un sueño que hacía tiempo que perseguía, bajar en canoa por las gargantas del río Tarn. Yo tenía 42 años. Nunca he patinado sobre hielo, porque los patines y yo no somos buenos amigos. La primera vez que me puse un arnés para hacer rápel tenía 17 años.

Pues bien, las mellizas, con sólo 6 años, ya han hecho todo esto.

Se pusieron unos esquís con tres años, navegaron con su padre con un barquito con 4 o 5, patinan desde muy pequeñas, e hicieron canoa con 5 años y medio. Las pequeñas se pusieron arneses hace dos veranos para saltar de árbol en árbol.  El tema de la bicicleta fue impresionante y de golpe pasaron de sentarse en la silla detrás nuestra bici a seguirnos con la suya. Pedaleando con fuerza con dos ruedas. Hace unos días vieron su primer partido de hockey sobre hielo y ya las tengo deslizándose por casa con el palo de la escoba y una pelota desinchada. 


¿Son más intrépidos los niños de ahora que los de antes? Seguramente la respuesta es NO. ¿Tienen muchas más oportunidades que quizás generaciones pasadas no han tenido tanto al alcance ?. Me arriesgaría a decir que la respuesta en este caso es SÍ y NO. Analizado fríamente, pienso que son cosas que a nosotros nos gustaban y por tanto queremos que ellas hagan y así podamos disfrutar en familia (aaaggghhh, ¿qué hacemos si finalmente no les gusta?), O sencillamente cosas que queríamos hacer para probarlo y hasta que ellas no fueran un poco más mayores no podíamos hacer, y por eso hemos esperado. Las nuestras son "pequeñas" intrepideces, però ¡ojalá nos queden muchas por descubrir!

5 feb 2015

Esquí-malabarismos



De adolescente nunca me había atraído esquiar. De hecho, empecé muy mayor, con mi marido. Él quería probarlo y nos gustó. Bueno… nos atrapó. Al principio estaba atenta constantemente a todo. Mis pies, las botas, mis rodillas, los palos, las gafas, cómo poner los esquís… preocupada por no caerme en el telearrastre o telesilla de turno y quedarme allí colgada con toda la gente mirándome. La previsión era que nos parábamos a media pista (verde o azul, no alucinéis, como mucho una roja) y nos esperábamos con mi marido. Yo alucinaba cuando veía a bólidos de 4 o 5 años que ni se preocupaban si la pista que pillaban era verde o negra.

Ahora lo último que me preocupa son mis palos, mi estabilidad o si las botas me aprietan o no. Soy capaz de bajar la pista, móvil en mano para gravar a una de las mellizas. No sólo llevo mis palos en el telearrastre, sino que llevo los de una peque y encima soy capaz de girarme para ver que me sigue y no se ha caído. Lo último que me importa en el telesilla en pensar si alguien va a verme si me caigo. Sujeto mis palos, los de la niña, con la otra mano la sujeto a ella. Con esa mano –semilibre-  la ayudo a subir y a bajar y… ¡milagro!, no nos hemos caído. Al principio nos seguían bien bajando las pistas, pero ahora ya van de “sobradas” y tengo que acelerar para perseguirlas. Mientras descansamos un momento, compruebo que su casco está bien puesto y que sus guantes no lleven nieve dentro.


Y sé, con cierta envidia, que dentro de poco ellas ni se plantearan si la pista que bajan es verde o roja y que yo iré detrás suyo, volviendo a concentrarme en cómo tengo que hacer los giros para no terminar con el culo en el suelo sin poder levantarme. 

31 oct 2014

La vuelta ciclista del Trocathlon


Esto de las bicicletas es otro máster de los que hablábamos el otro día (Soy una mama-máster). 

Si lo calculo fríamente, las mellizas en cinco años han tenido una bici de bebé, un patinete y una bici de 16. A Ona ya se le ha quedado pequeña. 

Con gemelos, uno se tiene que pensar dos veces qué y cómo compra. (más trucos para ahorra con gemelos aquí y aquí). Porque por mucho que alguien de la familia les quería regalar una bicicleta nueva, pienso que es un gasto excesivo si tenemos en cuenta que al cabo de un año, esta bici puede haberse quedado pequeña. Y más si añadimos que detrás de las pequeñas, no hay nadie que "herede". Por ello, el año pasado, ya decidimos que las bicicletas las buscaríamos en el Trocathlon, el mercado de ocasión de Decathlon. Pensamos que muchas familias se debían encontrar como nosotros... y lo acertamos. Las dos pequeñas tuvieron bicis nuevas y comenzaron sus particulares vueltas ciclistas (Fitipaldis sobre ruedas). 

Pero a Ona, que ha hecho un fuerte tirón, se le ha quedado pequeña. Así que el sábado pasado volvimos. Cola impresionante de personas llevando las cosas más increíbles. Tablas de windsurf, trineos, camas elásticas... y bicicletas. Muchas bicicletas. Ona está contenta. Bici nueva de 20, de color azul, con unos adhesivos de nieve que le encantan. Y está emocionada con esto del cambio de marchas. Nosotros también. 35 euros.