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17 sept 2012

¿Y ya planchan o friegan?

El problema de no haber empezado a escribir el blog antes y por lo tanto escribir las cosas al momento es que la memoria es muy selectiva. Pensaba que a la hora de vivir las cosas de las pequeñas todo me quedaba grabado en fuego en la memoria pero veo que no.


Es el caso de esta visita rutinaria al ayudante del pediatra. Debía ser alguna de las revisiones del programa. Siento no recordar qué edad tenían, quizá un año y medio. Sí recuerdo que estuvimos repasando todos los parámetros básicos: peso, altura, perímetro craneal, alimentación, horas de sueño, preguntas básicas...  Y de golpe me la soltó, así, sin avisar:



- ¿Y ya planchan o friegan?




Hubo un silencio. Por un momento me quedé de piedra. ¿Había entendido bien lo que me preguntaba? Yo creo que ella debió intuir (o ver) mi cara de desconcierto.

"Te lo pregunto porque normalmente, a esta edad imitan a las madres, y por eso hacen ver que planchan y cogen la escoba o friegan", puntualiza.


Le respondí que no, porque con gemelas, no teníamos demasiado tiempo y normalmente hacíamos estas cosas cuando ellas estaban durmiendo y por tanto no acostumbraban a vernos fregando. Pero salí de la consulta con dos temas que me preocuparon y bailaron por la cabeza durante algunos días.


1) Por un momento llegué a pensar que las gemelas me tomaban el pelo (y de qué manera) y que en realidad eran capaces de planchar y fregar y estaban escabulléndose de ayudar en casa. ¿Qué más tenían capacidad de hacer y yo no lo sabía? ¿Preparar los menús de la semana?

2) Bromas aparte... ¿La enfermera consideraba que sólo las madres planchamos, barremos y frotamos y por eso las niñas nos imitan? ¿Y si fueran niños? Esa persona ("profesional") estaba dando consejos a las madres... Por suerte no la ví más por la consulta. En nuestro caso las tareas nos las repartimos y tanto puede planchar la madre como el padre. El padre y la madre barremos y el padre y la madre cocinamos. Y desde aquel día pienso mucho en los roles que creamos, a veces sin querer, y que hay que tener muy en cuenta. Porque su actitud depende y mucho, de lo que ven en casa.

3 sept 2012

Como si fuera la abogada de la defensa…

La situación es la siguiente:


Salimos de hacer la compra. Antes de subir al coche le pregunto a las dos pequeñas si tienen sed. Hace mucho calor y las animo a beber agua, porque realmente el termómetro marca los 38 grados. Las dos me dicen que ‘no’ porque han bebido hace poco.


Dejo la bolsa detrás. Encendemos el coche. Al cabo de dos minutos (no sé porque no me sorprende), escucho a Ona.


“Mamá, tengo sed. Quiero agua”.
“Vaya, Ona, te lo he preguntado hace dos minutos. Ahora no puedo darte el agua, es que no llego a la bolsa. En nada llegamos a casa la tía y te la daré”, le explico.


En ese momento Estel entra en acción. Hace su entrada espectacular, tal cual los abogados de la defensa en las películas, aquellos que en el momento crucial se sacan un as de la manga. De golpe, como si fuera a cámara lenta, escuchamos:


“Por favor, dad agua a mi hermana, porque tiene mucha sed”. Lo dice subiendo el tono, cómo si estuviéramos haciendo algo muy malo. Pronuncia las palabras muy lentamente y destaca, especialmente, mi hermana.


Nos miramos. Ponemos aquella cara que últimamente ponemos tanto, la de “madre mía, que no nos pase nada con estas dos”. Me contorsiono como puedo para llegar a la bolsa en la parte de atrás y doy agua a Ona. Des de hace unas semanas, Estel i Ona se han convertido en grandes aliadas (aunque 10 minutos antes estuvieran llorando porque una había quitado un juguete a la otra). Y Ona, de momento, ya tiene garantizada la asistencia jurídica. Y gratis.